Justificación

 

El Delta del Ebro es una zona húmeda de gran importancia internacional y se considera uno de los sistemas costeros más vulnerables al cambio climático del Mediterráneo y de toda la Unión Europea. Actualmente el Delta sufre una pérdida de humedales y arrozales debido a la regresión costera, causada por la falta de aportes de sedimentos fluviales que quedan retenidos en los embalses de la cuenca. El retroceso de la costa es superior a los 10 metros por año en la zona de la desembocadura, donde la pérdida de humedales se ha evaluado en 150 hectáreas entre el año 1957 y el 2000. Este problema se acentúa por la pérdida de elevación del Delta debido a la subida del nivel del mar y a la subsidencia (hundimiento) del terreno, de manera que casi un 50% del Delta puede verse afectado por este fenómeno durante el presente siglo. Además, la aceleración de la subida relativa del nivel del mar por el calentamiento global y el déficit de sedimentos implican un impacto creciente que amenaza la supervivencia futura de los humedales y de gran parte del Delta. Esta misma amenaza existe a escala global y afecta especialmente a las zonas deltaicas, donde se concentra una parte significativa de la población mundial y de los humedales protegidos.

Tanto la regresión costera como la pérdida de elevación solamente pueden ser compensadas, a largo plazo, con medidas de adaptación enfocadas a recuperar el aporte de sedimentos inorgánicos del río y por la generación de materia orgánica (suelo) en los humedales y arrozales; procesos naturales que se pueden optimizar mediante técnicas de ingeniería ecológica de carácter innovador. La política habitual de adaptación costera mediante diques y bombeos conlleva la polderización (desecación) de la llanura deltaica, con un gran coste económico (de ejecución y mantenimiento) y con un impacto ambiental de gran magnitud (subsidencia, salinización, degradación de los humedales, etc.). Además, con la aceleración de la subida del nivel del mar esta estrategia resultará inviable a medio y largo plazo.

En este contexto, el proyecto LIFE EBRO-ADMICLIM permitirá el desarrollo y aplicación de nuevas estrategias de adaptación a la pérdida de elevación respecto al nivel del mar y la regresión de la costa en los humedales deltaicos. Además, las medidas de adaptación se combinarán con medidas de mitigación destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y aumentar el stock de carbono de los arrozales y humedales. En este sentido, la gestión de la materia orgánica del suelo es un instrumento tanto para la adaptación (mediante el aumento del stock de carbono y la elevación del suelo) como para la mitigación (mediante la reducción de emisiones de GEI).

Globalmente la agricultura contribuye en un 10-12 % a las emisiones antropogénicas de GEI, pero estas emisiones se pueden reducir cambiando las prácticas agrícolas para aumentar la cantidad de materia orgánica del suelo (el stock de carbono) y/o disminuir las emisiones de metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). El caso del arroz es de especial relevancia, pues representa el segundo cultivo a escala planetaria, es el alimento básico para un 50% de la población mundial y es una de las mayores fuentes antropogénicas de metano. Un estudio reciente estima que el aumento de dióxido de carbono (CO2) y de temperatura previsto para el final del presente siglo causará una duplicación del efecto invernadero de los arrozales, remarcando la necesidad de prácticas de gestión que optimicen la producción de arroz y reduzcan la intensidad de la emisión de GEI. En los arrozales mediterráneos prácticamente no existen datos de emisiones de GEI, y los pocos estudios existentes son muy puntuales. En el Delta del Ebro, la Generalitat de Catalunya estima que las emisiones anuales de los arrozales ascienden a unas 82.000 Tm/año (CO2 equivalente), de las cuales unas 52.000 Tm serían atribuibles al CH4 y unas 30.000 Tm al N2O. Sin embargo, se trata de una estimación basada en modelos que no se ha podido verificar con datos de campo, puesto que no existen datos que permitan una estimación ajustada.

En los arrozales del Delta del Ebro la Unión Europea financia la aplicación de medidas agroambientales que implican, entre otras cosas, la prolongación de la inundación después de la cosecha. Esta inundación es beneficiosa para la fauna acuática, pero se desconoce su impacto sobre las emisiones de GEI, las cuales se pueden optimizar si se hace una gestión más orientada a este objetivo (sin afectar a la biodiversidad). Una buena evaluación de las emisiones de GEI en función de las prácticas agrícolas (gestión del agua, gestión del rastrojo, etc.) a una escala de fincas piloto es imprescindible para establecer futuros esquemas voluntarios de reducción de emisiones de GEI en los cultivos de arroz.

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